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Consejos para bañar a un gato con pánico al agua


Maullado por el
Gato triste y azul



No todos los gatos odian el agua. Hay razas que incluso la adoran,  como los Van Turco, pero más allá de generalidades, al final el comportamiento depende de cada gato, pues influyen sus experiencias, carácter, etc. Por lo tanto, si a tu gato no le gusta el agua, no esperes milagros: lo mejor es ingeniárselas para que luzca bien limpio ...con o sin baño.


Así, tratándose de mininos, la primera pregunta no debería ser cómo bañarlo, sino si realmente es necesario hacerlo. Planteemos la cuestión: ¿El baño es necesario? Pues bien, la respuesta es clara: en condiciones normales, no.

Tal y como vimos en un anterior post, es recomendable un baño periódico para mantener pelajes semilargos o largos (les ayuda a eliminar pelo muerto), pero no estrictamente necesario en ningún caso. Si no tienen problemas de salud u otro tipo, los mininos pueden mantener su pelaje limpio y peinado, simplemente con la acción de su lengua.

Como ocurre con tantas cosas en esta vida, la costumbre facilita las cosas, y  por esta razón se recomienda acostumbrar al gato al agua desde pequeño. ¿Que ya es tarde porque tienes un gato adulto? Pues ahora tienes cuatro opciones: renunciar a bañarlo, bañarlo en seco, ser paciente e intentar acostumbrarlo a tolerar el agua o, por último, intentar algo intermedio, es decir, mojarlo discretamente, sin que se sienta abrumado por el agua.

Necesidad de bañarlo
En algunas ocasiones no podemos elegir, el gato ha de bañarse sí o sí. Se trata de situaciones especiales, como éstas: el gato tiene sustancias tóxicas en el pelo, se ha ensuciado mucho por el mal tiempo, por ejemplo... También puede ocurrir que esté  enfermo y no se asee, que vaya a participar en una exposición o concurso o, quizás, que tengas algo de alergia y necesites lavarlo con regularidad.

 Acostumbrarlo: sin pánico escénico
Si no tienes la suerte de tener un gato acuático, de esos que se vuelven locos de alegría con el baño o,  simplemente son tan buenazos que se dejan hacer, lo más probable es que intente evitar el agua.

A menudo, incluso, se esconden en  su lugar más seguro sólo con ver el cuarto de baño y olerse que van a bañarlos.

Si te ocurre algo así e insistes en esta circunstancia, pronto entraréis en un auténtico combate cuerpo a cuerpo, con gritos y arañazos incluidos. ¿Qué hacer en estos casos? No insistir y, si queremos que se acostumbre, tomar nota del mensaje que el minino nos ha enviado, pues la prinicpal razón de este estado agresivo es no poder anticipar lo que va a pasar.

Así, regla número uno para gatos difíciles de bañar: acabar con esta sensación de inseguridad o, lo que es lo mismo, hacer del baño un momento de calma.

¿Cómo conseguirlo? Empecemos preparando el cuarto de baño antes de ir a buscar al gato. Tengamos todos los utensilios listos (cepillo, esponja, toalla, jabón...) y a mano. Sólo después podremos llevarlo al cuarto de baño o al lugar donde vayamos a lavarlo. Esto si el gato es sólo un poquito reactivo al agua, no si lo que tiene es pavor, en estos casos más graves hay que ir más poco a poco, acostumbrarlos a ver agua en la bañera mientras nos bañamos nosotros o, en casos imposibles, recurrir a otros métodos que ahora veremos.

Por lo tanto, no acerquemos el gato al agua si opone una resistencia excesiva, no se trata de traumatizarlo ni de que nosotros acabemos tuertos... Pero, en caso de lograrlo, deberemos conservar la sangre fría y llevar la lección bien aprendida: mostrarnos firmes pero tratarlo con mucho cuidado, hablarle cariñosamente, no echarle agua en la cabeza,  llenar con poca agua la bañera, permitirle sujertarse en algún lugar seguro... Y, aunque esto quizás sea demasiado pedir, retengamos nuestro dolor si nos araña, pues estar sereno es clave para conseguir nuestro propósito.


Y, en fin, sigamos todos los consejos que ya vimos, incluidos los mimos después de bañarlo, darle golosinas, ponerle junto a una estufita, secarle con una toalla calentita...

Si la primera vez lo conseguimos, aunque sea mejorable, estamos de enhorabuena. Si convertimos este baño en un ritual (que el gato sepa en todo momento qué vamos a hacer después, que pueda anticipar lo que va ocurriendo) el gato se calmará porque no esperará sorpresas desagradables. Por ejemplo, puedes comenzar sobre una mesita de plástico en el baño, pero cuidado con ponerlo todo perdido, como ocurre en este vídeo:





Un baño discreto
Otro caso: tenemos un gato que no hay manera humana de bañar de un modo normal, por lo que mejor evitarle tanto sufrimiento y optar por una manera más fácil y viable,  sin  tener que renunciar a su higiene.

Recurriremos a fórmulas intermedias en casos de pavor al agua. Es objetivo es, podríamos decirlo así, que el gato no pase por el agua pero que, del algún modo, el agua sí pase por el gato.

Las opciones son varias, y necesitaremos recurrir a esponjas húmedas, cubos o palanganas...

Un baño rápido con un cubo en la bañera
Un remojón suavecito en un visto y no visto es uno de estos desesperados planes b. Se trata de llevar al gato a la bañera, pero sin grifos ni alcachofas abiertas: sólo ponemos un cubo con agua templada (37ºC es lo ideal), lo metemos dentro y, sujetándo sus patas delanteras con una mano y tras darle con un poco jabón diluido en agua (utilizar siempre una marca especial para gatos) con la otra lo mojamos un poquito, ya directamente enjuagándolo. Todo tienes que ser muy rápido, sin darle tiempo a enfadarse, aunque se trata de un método para gatos no del todo imposibles, de los que tardan un poquito en reaccionar.

También podemos, y este consejo vale para cualquier tipo de baño, ponerle a su alcance alguna cuerda gruesa, toalla o esterilla de plástico: le proporcinonará mayor sensación de seguridad mientras estés bañándolo.

El truco de las tres palanganas
Esta opción es interesante e  ingeniosa, mira este vídeo para hacerte una idea: se trata de llenar tres palanganas con agua tibia y ponerlas bien en la bañera o en cualquier otro sitio, como un jardín, etc., cuidando de que estén en una superficie estable, es decir, que no bailen.

A continuación, diluimos jabón en la primera en la que introduciremos al gato, sujetándolo de las axilas y salvando del agua siempre su cabeza, por supuesto. La efectividad, por un lado, está en la poca profundidad de estos recipientes: asustan menos al gato por su forma de paredes bajas, y por haber menos agua.

Una vez el gato toca el agua frotaremos suave y rápidamente su cuerpo, sin olvidar todo aquello de hablarle dulcemente, sujetarlo con cuidado pero con firmeza, etc. Con esta acción estamos enjabonando al gato y, por lo tanto, luego habrá que enjuagar. Precisamente, esta es la función de la segunda palangana, donde haremos el primer enjuague, y a los pocos segundos, un segundo aclarado en la tercera palangana. Luego, lo de siempre: envolver en una toalla, mimar, abrazar... hasta que se tranquilice.

Al igual que en el resto de los casos, puede ayudarnos alguien, pero procuremos que siempre sea así, para repetir una rutina que tranquilice al gato, tal y como recomendamos.






El truco del rociador
Subimos el nivel de dificultad: un gato imposible de enjabonar llenando cubos ni palanganas. ¿Desistimos? No, sigue habiendo salidas: utilizar un rociador de esos del tipo de presión previa o bomba manual, pero lo más silencioso posible.

Aquí la idea es introducir agua jabonosa, también tibia e ir echándole al gato una nube de agua con una mano, mientras con la otra lo sujetamos con firmeza de la nuca, imitando la sujeción de su madre, ya sea dentro de una palangana vacía, una bañera, o en el mismo suelo del jardín.

Una vez hemos masajeado al animalito con esta emulsión jabonosa, finalmente, y preparado previamente, lo introducimos en un cubo de agua para enjuagarlo. Se trata de un procedimiento que puede molestarle, pero es mucho menos estresante que los  procedimientos anteriores.

El truco de las esponjas
Mojemos las esponjas en una infusión clarita de manzanilla común y pasémosla por el pelaje del animal. No es necesario enjuagar y tiene efectos positivos en la piel, tonificándola y refrescándola. Evidentemente, podemos empaparlas más o menos, y aplicarlo de forma progresiva, observando que su reacción no sea hostil. Podemos utilizar este método como entrenamiento progresivo para acostumbrarle al agua.

Por cierto, tengamos en cuenta que  los gatos son muy curiosos, les gusta oler aquello con lo que vas a embadurnarlos, por lo que no perderás el tiempo si le dedicas unos segundos a hablarle dulcemente, mientras le dejas olisquear la esponja.

Acostumbrar a un gatito: muchos mimos
Si se trata de un gatito, las primeras veces son muy importantes para acostumbrarlo al agua sin crearle miedos ni traumas.
La primera vez vayamos con cuidado: pasémosle una esponja o manopla mojada con agua tibia, permitiéndole sujetarse sobre una toalla mojada puesta puesta en el borde del fregadero o del lavabo, más adecuados que la bañera.
Si con las primeras gotas vemos que tiene una reacción de puro espanto, dejarlo sin bañar y  repetir la operación al cabo de unos días. Con el tiempo se acostumbrará, muy probablemente.

El gatito, sin embargo, puede mostrarse dócil, y dejarnos bañarlo sin problemas. Sigamos los pasos que ya explicamos, y sobre todo no olvidemos tranquilizarle en todo momento con caricias y palabras cariñosas.

Le mojaremos la espalda echándole agua con un pequeño recipiente y sin que le entre en ojos, orejas. Mantener la cabeza seca de principio a fin y, tras enjabonar y enjuagar, envolvámoslo con una toalla caliente para secarle bien el pelo. Sería genial acabar con un repasito de secador y una sesión de estufita, como en la fotografía superior. Una vez seco, unas golosinas pondrían un final feliz a la experiencia, y harían más fácil la próxima vez. Además, el pequeñín se las merece...

Bañarlo en seco
Como última opción, podemos bañarlos sin agua aplicándoles productos que venden para limpiar y desengrasar el pelaje del gato. En el mercado hay muchos productos, se trata de probar alguna marca de confianza y ver qué resultados nos da. Un consejo: no ahorremos en esto, pues el gato ingiere el producto a lametazos. Usémoslo si lo precisamos, pero, sinceramente, donde esté el agua clara...

Fuente: www.gatosencasa.com
Fotografía: kurt_haesusler
Fotografía: editor
Fotografía: hisahiv
Fotografía: zenera
Fotografía: sittinginthekitchenskin

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